noviembre 1, 2026

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IA

Google satélite centro de datos Suncatcher ya responde

Satélite prototipo Suncatcher de Google con sus paneles solares en un laboratorio
Foto: TechCrunch

El satélite centro de datos de Google del proyecto Suncatcher ya está en línea y en contacto con la Tierra. La nave despegó a principios de octubre a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX, en un vuelo compartido con más de cien naves. La puesta en marcha tomó cerca de tres semanas, con pruebas de cada subsistema antes de dar el satélite por listo para trabajar en órbita.

La primera orden que recibió sonó a broma de ingenieros con presupuesto serio. Los equipos en tierra le pidieron esta semana al modelo que viaja precargado en el satélite, Gemma 4, desarrollado por Google DeepMind, que escribiera un haiku sobre estar en el espacio. La respuesta bajó en tres versos:

Blue marble below
Data streams in silent grace
Starlight feeds my core. ✨

Canica azul abajo, flujos de datos en gracia silenciosa y luz de estrellas alimentando el núcleo: el poema cumple su cometido y, de paso, confirma que el modelo razona allá arriba. TechCrunch reporta que Google probó además a Gemma 4 con poemas cortos de cinco versos de tema espacial y le pidió a la nave un informe de las condiciones orbitales a su alrededor. Un portavoz de la compañía dijo al medio que el satélite opera con normalidad.

El poema fue la parte vistosa del estreno. La otra mitad de la primera orden fue trabajo real: la nave informó de las condiciones orbitales a su alrededor, el tipo de dato que el equipo necesita para validar cómo se comporta el hardware fuera de la atmósfera.

Cuatro chips TPU y energía para una sola

El prototipo lleva cuatro TPU, las unidades de procesamiento tensorial de Google, y genera hasta 1 kW de electricidad. La aritmética queda corta para la ambición del plan: el consumo de cada chip obliga a encender una sola a la vez. Cada sesión de trabajo dura lo que la energía permite, unos 20 minutos antes de apagarla, y esa limitación complica las comunicaciones entre el espacio y la Tierra, que ya son delicadas sin ese freno.

Su misión es abrir camino. Google quiere redes de satélites en vuelo cercano que ejecuten cargas grandes de inferencia en órbita, es decir, el trabajo de responder consultas con modelos ya entrenados, repartido entre varias naves que vuelen juntas. Este primer satélite centro de datos de Google, Suncatcher mediante, es la pieza que prueba si la idea aguanta el ambiente real.

Radiación, calor y bits que cambian solos

La campaña de pruebas que arranca ahora examinará cómo rinden los chips bajo estrés térmico y dentro del ambiente de radiación espacial. Google ya sometió sus TPU a aceleradores de partículas en tierra firme, pero el comportamiento real de la radiación sobre el hardware en órbita es otra historia.

La amenaza seria tiene nombre técnico: los «bit flips», cambios de un valor guardado en la memoria que la radiación provoca y que pueden corromper datos sin activar las herramientas habituales de monitoreo. Un valor alterado en el momento equivocado cambia el resultado de un cálculo sin dejar rastro evidente, y el error aparece tarde o no aparece. En las pruebas terrestres, el impacto lució mínimo para las cargas de inferencia y más serio para entrenar un modelo. El equipo podrá medir esa dinámica en el ambiente real, lejos de la simulación.

Dos satélites más en 2027 y enlaces de luz entre naves

Si las TPU de este prototipo rinden como se espera, el paso siguiente llega en 2027: dos satélites más con chips avanzados, mayor generación de energía y enlaces ópticos entre satélites. Ahí se juega la apuesta que distingue a Suncatcher, enlaces veloces entre las naves para sostener cargas distribuidas coherentes, con el procesamiento repartido como si fuera una sola máquina.

Mover cómputo fuera del planeta no es una idea exclusiva de Google: Microsoft anunció Azure Space para llevar la nube al espacio en 2020, y SpaceX también prepara centros de datos orbitales con enlaces láser, aunque sus naves orbitarían demasiado separadas para compartir procesamiento con la misma eficacia. Starcloud y Cowboy Space, por su parte, planean cargas de inferencia dentro de satélites individuales, sin red entre ellos.

Entre Google y SpaceX hay además un vínculo de dinero: Alphabet, la matriz de Google, mantiene una participación de inversión importante en la empresa de Elon Musk. Para montar centros de datos orbitales, las dos compañías necesitan que Starship, el cohete pesado aún en desarrollo, sea reutilizable por completo y con ritmo rápido. Un análisis revisado por pares, publicado este mes por investigadores de Suncatcher, estimó que SpaceX tendría que volar Starship unas 1.800 veces para repetir las reducciones de costo por aprendizaje que logró con sus vehículos anteriores. Sin ese cohete volando barato y seguido, las redes de satélites con TPU se quedan en prototipo.

En Google tratan a Suncatcher como uno de sus proyectos de largo aliento: diseñar infraestructura que resulte económica en la década de 2030. El contraste quedó servido esta misma semana, cuando la acción de Alphabet se desplomó tras reportar que meter inteligencia artificial en su buscador está frenando el crecimiento de los ingresos por anuncios.

Fuente: TechCrunch