Worldcoin, rebautizado como World en 2024, entrega un World ID a quien deje que una esfera le fotografíe el iris, y esa credencial promete separar a las personas de los bots en internet. La respuesta corta sobre su confiabilidad cabe en dos planos: la criptografía del sistema es seria y abierta a auditoría, pero su expediente regulatorio es el más cargado de un producto de identidad en años: más de diez países pararon el escaneo, multaron a la empresa u ordenaron borrar datos de sus ciudadanos.
El aparato se llama Orb y lo opera Tools for Humanity, la empresa que Sam Altman y Alex Blania fundaron en 2019 junto a Max Novendstern. El Orb fotografía el rostro y ambos iris, convierte el patrón del ojo en un código numérico y parte ese código en fragmentos cifrados repartidos entre varios servidores: un esquema de cómputo multipartito que la compañía denomina AMPC y donde ningún servidor guarda el código entero. De acuerdo con la documentación oficial de World, las imágenes viajan cifradas al teléfono del usuario y se borran del Orb al instante; la empresa sostiene que no conserva las fotos ni vende datos.
Con ese código nace el World ID, una credencial que vive en la World App, la billetera del sistema. Cuando una plataforma pide comprobar humanidad, el teléfono genera una prueba de conocimiento cero: demuestra que detrás hay una persona única y verificada sin revelar nombre, correo ni el código. El uso ya salió del laboratorio: sirve para comprar entradas, entrar a aplicaciones de citas y frenar cuentas falsas en videojuegos, un terreno donde Razer integró World ID contra los bots en juegos en línea. La red suma el token WLD, que los verificados reciben en la propia aplicación. La compañía afirmó en julio de 2026 que más de 18 millones de personas ya pasaron por un Orb.
El expediente regulatorio: parones, multas y borrados
El choque empezó temprano. Kenia suspendió las operaciones en agosto de 2023, días después del lanzamiento mundial, y en mayo de 2025 su Tribunal Superior declaró ilegal la recolección y ordenó borrar los datos biométricos de los kenianos, un borrado que la autoridad de datos confirmó ejecutado. España movió ficha en marzo de 2024: la Agencia Española de Protección de Datos impuso una medida cautelar que detuvo los escaneos al encontrar menores registrados, información insuficiente al registrarse y ninguna vía clara para retirar el consentimiento. Portugal dictó una parada parecida días después.
Hong Kong cerró su caso en mayo de 2024, cuando su comisionado de privacidad ordenó cesar toda operación tras contar 8.302 personas escaneadas y juzgar excesivo guardar el material hasta diez años. En diciembre de 2024, la autoridad de Baviera, que supervisa a la filial europea, ordenó eliminar códigos de iris guardados sin base legal suficiente y exigió un proceso de borrado ajustado al reglamento europeo. Corea del Sur multó a Tools for Humanity con 1.100 millones de wones en septiembre de 2024 por mover datos biométricos sensibles sin consentimiento válido.
El patrón se repitió durante 2025. La autoridad de datos de Brasil prohibió en enero pagar con criptomonedas o dinero a cambio del escaneo, al considerar que pagar por el dato viciaba el consentimiento. Indonesia suspendió los registros en mayo por problemas de licencia de las empresas locales. Tailandia asestó el golpe más reciente: el 24 de noviembre de 2025, su comité de protección de datos ordenó detener la captación y borrar los datos de cerca de 1,2 millones de personas. Filipinas dictó una orden de cese en octubre de ese mismo año.
Los expertos apuntan a dos problemas que ninguna actualización de programa resuelve. El iris no funciona como una contraseña: si un código biométrico se filtra, su dueño no puede cambiarse los ojos. Y el registro mundial de humanos verificados queda en manos de una sola empresa privada, que fabrica el Orb, opera los verificadores y emite la credencial. MIT Technology Review documentó en 2022 un reclutamiento agresivo en comunidades pobres de seis países, con explicaciones flojas sobre el destino de cada ojo escaneado.
Lo que la empresa sí ha puesto sobre la mesa
La defensa de Tools for Humanity tiene piezas comprobables. Buena parte del código del Orb, del sistema AMPC y del protocolo es público y auditable, y la criptografía de conocimiento cero funciona como se describe. Las órdenes de borrado de Alemania y Kenia se cumplieron, la opción de eliminar el propio código desde la aplicación existe, y el proyecto opera desde 2025 en Estados Unidos, con centros en seis ciudades, sin que un regulador federal lo haya detenido.
El token WLD merece una mirada propia. Tocó un máximo de US$11,74 en marzo de 2024 y en 2026 cotiza por debajo de un dólar: datos de mercado lo situaban entre US$0,25 y US$0,33 en mayo. Quien se escanea pensando en la paga entrega el dato más sensible de su cuerpo a cambio de un activo que perdió más del 95 % de su valor máximo.
El veredicto queda así: World ataca un problema real con ingeniería sólida, pero pide a cambio una confianza que los reguladores de medio mundo no están dispuestos a firmar. La prueba de que el choque sigue vivo es fresca: el borrado ordenado en Tailandia cubre 1,2 millones de personas y se dictó el 24 de noviembre de 2025, hace menos de un año.
Fuente: DataWallet
