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La industria del videojuego reacciona a la invasión rusa

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Madrid.- La industria del videojuego ha respondido a la invasión rusa de Ucrania con sanciones, boicots y actos de solidaridad en iniciativas concretas como millonarias recaudaciones de fondos para ayuda humanitaria, la suspensión de venta de productos o la eliminación de la presencia rusa en sus juegos.

De este modo, al calor de las sanciones internacionales sobre Rusia, Epic Games, desarrolladores del popular ‘Fortnite’, anunció en un comunicado el pasado 20 de marzo que, durante dos semanas, donarán todos sus ingresos a Ayuda Directa, UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos y a la Agencia para los Refugiados (ACNUR), entre otros.

En apenas dos días, esas donaciones de los ingresos generados en el juego -con más de 500 millones de usuarios registrados en todo el mundo- se dispararon hasta superar los 50 millones de dólares (45,4 millones de euros), en una suma va en aumento y que ha provocado la reacción de otras empresas y de los propios jugadores.

UN EMBARGO AL ENTRETENIMIENTO

Por su parte, el gigante tecnológico estadounidense Microsoft, propietario de la consola Xbox, declaró el 4 de marzo la suspensión de la venta de nuevos productos y servicios en Rusia, al tiempo que amplió su ayuda en ciberseguridad a Ucrania para proteger el país ante posibles ataques informáticos.

Días más tarde fueron Sony, con Playstation, y Nintendo, los que anunciaron un cese de sus servicios, al igual que estudios gigantes del sector como Electronic Arts, Ubisoft, Activision Blizzard o el ya mencionado Epic Games.

Electronic Arts, además, eliminó a los equipos rusos de su ‘FIFA 22’, lo que reflejó en el mundo virtual las sanciones deportivas impuestas por la FIFA y la UEFA en las competiciones deportivas.

SANCIONES EN LA FRONTERA

El estudio polaco CD Projekt Red, creador de la galardonada saga ‘The Witcher’ o el reciente ‘Cyberpunk 2077’, también cesó sus ventas en Rusia y Bielorrusia -país afín a Putin en su operación militar-, y se apresuró a donar el 25 de febrero, un día después de la invasión, más de 200.000 dólares a la organización humanitaria polaca Polska Akcja Humanitarna.

Mientras, 11-Bit Studios, también con sede en Polonia, recaudó 850.000 dólares para la Cruz Roja ucraniana cuando decidió donar todos los beneficios de su juego ‘This War of Mine’, un título que precisamente reflexiona sobre las atrocidades de las guerras.

Donaciones que han ayudado a un país que ha recibido ya más de 2,1 millones de refugiados desde que comenzó la guerra.

Por su parte, a los estudios de videojuegos ucranianos, la invasión les ha tocado más de cerca.

El ataque de Rusia no sólo ha paralizado su flujo de trabajo y sus ingresos, sino que supone una amenaza real para la vida de sus empleados y familiares, convertidos muchos en refugiados.

Artem Myronivsky, director general de la empresa de desarrollo de juegos Red Beat, con sede en Kiev, aseguró en un comunicado que algunos de los colegas del estudio se encontraban en el frente luchando contra las fuerzas invasoras rusas, mientras que otros se han ofrecido para reforzar la ciberseguridad del país.

«El equipo de Red Beat, al igual que toda Ucrania, está luchando contra la agresión militar rusa de todas las maneras posibles», dijo.

Red Beat y otros estudios importantes, como 4A Games creadores de la popular serie ‘Metro’ o GCS Game World, creadores de ‘S.T.A.L.K.E.R’, el shooter en primera persona ambientado en la zona de exclusión de Chernóbil, han puesto en marcha campañas de financiación para las Fuerzas Armadas ucranianas.

«Ninguno de nosotros habría pensado nunca que el mundo del siglo XXI pueda llegar a la frontera más allá de la cual los escenarios de nuestros juegos empiezan a parecerse a la realidad», dijo 4A Games en un comunicado tras la invasión.

«Nuestra gran familia incluye a gente de todo el mundo y nosotros sólo queremos una cosa: que los horrores de la guerra no salgan nunca de los mundos imaginarios. Pero la guerra ha llamado a nuestras puertas y ahora sólo podemos hacer una cosa: apoyar a Ucrania y a los demás», concluye.

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